lunes

 - Que no me vea, no significa que no lo haga.
- ¿Y qué hace usted que yo no vea?
- Pues, por ejemplo, usted no me ve cagar, pero cago. Tampoco me ve llorar, pero lloro. No me ve gritar, pero grito. No me ve odiar, y he odiado. No me ve enferma, pero enfermo. No me ve en la calle, pero salgo. No me ve en casa, pero tengo casa. No me ve cuando se me va la cabeza, pero se me va. No me ve cuando estoy enfadada, pero me enfado. No me ve decepcionada, pero lo estoy. No me ve bailar, pero bailo. No me ve comer, pero como. No me ve enamorada, y me enamoro. Hay cientos de cosas que usted no me ve hacer, que no me oye hacer; ni se imagina que las hago... Porque no puede, no quiere y –ya se lo confirmo- no debe imaginarme en esas situaciones. No le gustaría, ya tiene una imagen de mí y sería como ensuciarla, como admitir que también soy una persona. Las personas reaccionan de maneras irracionales aunque no nos guste. Las personas no son perfectas y no se mantienen serenas ni un ápice del tiempo en que viven. ¿Sabe cuál es su problema? ¡Que se avergüenza de esas cosas! Por ello piensa que es el único que las hace. ¡Dios mío! ¿En serio? ¿En serio pensó que usted es el único ser humano sobre la Tierra? ¡Y qué más! Lo explicaré de otro modo: Cada uno tiene su propia versión del Paraíso pero, todos y absolutamente todos, lo deseamos.
- Me sorprende que me cuente esto. Diría que tiene muchos pájaros en la cabeza.
- Es que tengo pájaros en la cabeza, pero usted no quiere verlos.

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