jueves
cada vez que me lo prometo
Estaba pensando en tí. Pensando en que hacía mucho tiempo que no te pensaba. Pensando en que pensarte está prohibido. Estaba pensando en el dolor, no en el dolor que tu me has hecho, en la palabra dolor en general. En todas las veces que alguien me hizo daño. Estaba pensando en la culpa, bueno, más bien, estaba buscando culpables. Estaba intentando adivinar de quien fue la culpa la última vez, quizá tuya por hacerme daño, o quizá mía por permitirlo. Quizá del destino por volver a unirnos. Estaba pensando en tus ojos, y es como si los tuviese delante; como si pudiera besarte en las mejillas ahora mismo, tocar tus labios, tú piel. Como si pudiese agarrarte de la camiseta y obligarte a besarme en esa habitación en la que solo cabemos tú y yo. Estaba pensando en tu voz, pensando en que ya no recuerdo lo último que pronunciaste, pensando en que lo bonito que me dijiste aún baila por mi traquea. Estaba pensando en el olvido. En las obligaciones. En los errores. Estaba pensando en lo imposible. En lo nuestro tan útopico. En los finales. En el tren que tenía que coger para visitarte. En cómo volver a meterme cerca de tí. Estaba pensando en el miedo. En esa sensación tan extrema que se apodera de mí cada vez que nos despedimos. Cada vez que hablamos. Estaba pensando en el miedo, cada vez que me prometo olvidarte. En el miedo cuando soy consciente de que compartimos el mismo cielo. Estaba pensando en volver. Volver a todos aquellos sitios que alguna vez abandoné. Volver a tus sábanas. Volver a ti. Estaba pensando en todo eso. Será que te echo de menos. Será que no es fácil vivir sin pensarte. Será que pensarte es mi forma de olvidarte.
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