martes

para llegar a ser verdaderamente sincero con uno mismo

Esto sobre todo: sé veraz contigo, y a eso seguirá, como la noche al día, que ya no podrás ser falso con ninguno. Hamlet, acto I, escena III


 " Sé veraz contigo" La segunda etapa para llegar a confiar en las señales internas es convencerse de que son dignas de confianza, o cultivar la propia conciencia, hasta el punto en que pueda confiar en sus propios juicios morales (cuando es necesario decidir como vas a actuar personalmente), prescindiendo de los signos externos que nos bombardean, que intentan influir en nosotros en un sentido o en otro.
 Quizás pienses que ser veraz consigo mismo sólo asegura que "no vas a ser falso con nadie", o que no podrás hacer nada inmoral, desconsiderado o abusivo para ningún otro si tienes, en principio, conciencia. Quizás pienses " El pistolero de la mafia es absolutamente veraz consigo mismo, su problema es que su yo concreto no tiene conciencia".
  Pero en este caso yo diría exactamente lo contrario: que el pistolero de la Mafia y todos los demás seres humanos de este planeta nacen con una conciencia cuya "semilla" quizá sea la percepción infantil de que para estar en paz con uno mismo ha de tratar uno  los demás como le gustaría que los demás tratasen a uno. El problema de este pistolero es que ha reprimido y marginado su conciencia., ha ahogado sus señales internas, permitiendo que quien rija su conducta sea la mafia, una de las "sociedades" más rígidamente jerárquica y autoritarias que pueda imaginarse; es decir, está engañándose, en primer término, a sí mismo.
  Ser sincero con uno mismo significa ante todo ser totalmente honesto con uno mismo. Significa volver a ponerse en contacto con los instintos humanos básicos de justicia y equidad consigo mismo y con todos los demás, significa identificar las defensas que has erigido contra su conciencia y todas las demás fuentes de señales internas que le han impedido ser todo lo que puede llegar a ser, y liberarse de todo pensamiento defensivo (o paranoico) y de la fabricación de excusas en la que ha acabado apoyándose para explicar por qué es tan desdichado.
 Lo que quiero decir, en cuando a la conciencia se refiere, es que una conciencia "buena" o "clara" sólo puede nacer de la armonía de sus señales internas y externas, o, en otras palabras, de la integridad personal: todas las áreas, desde sus instintos animales a su sensación de tener un objetivo en la vida. Recuérdalo: sólo tu puedes ser creador de tu propia integridad. Sólo tu puedes dirigir tu propia sinfonía interna. 
 Pero no lo olvides, si aceptas plena responsabilidad en la dirección de la sinfonía de todas tus señales (pensamientos y sentimientos), tendrás que atender a toda la orquesta. No puede desfilar sólo al ritmo del tambor de las órdenes externas. Tiene que escuchar también las voces de su conciencia, la voz de ese niño que hay dentro de usted y  todos, ese concierto de voces de origen interno que tienes el privilegio de dirigir.
 Una de las mejores imágenes populares de la conciencia es la que encontramos en un cuento clásico de niños: Pinocho, que la mayoría de la gente quizá conozca en la versión cinematográfica de Walt Disney. Pinocho era una marioneta convertida en niño, con la carga especial de que su nariz crecía y se hacía muy larga cada vez que mentía. Sin embargo, para superar este terrible obstáculo y poder entrar en el mundo adulto, se lo otorgó una conciencia clara y encantadora (en la versión de Disney en la forma de Pepito Grillo, un grillo que le seguía a todas partes y que silbaba siempre que Pinocho estaba a punto de violar su conciencia). Lo importante de la historia es que si uno no es sincero consigo mismo, si no escucha a su Pepito Grillo,  y opera "sobre todo" desde su propio lugar de control interno será y sentirá en el fondo como un robot artificial más, un monstruo incluso.
 Como dijo un moralista francés del siglo XVII, la Rochefocault: "Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera".