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¿De
qué tienes miedo?
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No
lo sé. Del silencio de la noche. De las voces del día. De la enorme cucaracha
que se arrastra hasta mis sueños y me empuja hasta despertarme. De los tocones
de los árboles, en los que me siento y de los que me caigo sin hacerme daño en
ningún sitio. Y del miedo. A veces solo tengo miedo del miedo y no soy capaz de
enfrentarme a él. Es más fuerte que yo.
(Le
acarició las mejillas con las dos manos)
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Verás,
todo ser humano, toda criatura terrestre, tiene miedo. Nos envuelve como hacen
las moscas con los excrementos. Los animales salen huyendo; se escapan o corren
o vuelan o nadan hasta que consideran que ha pasado el peligro o hasta que caen
muertos de agotamiento. Los hombres no somos mucho más inteligentes. Intuimos
que no existe un lugar en el que podamos escondernos del miedo, pero aún así lo
intentamos. Algunos inspiran a ser ricos y poderosos (la gran mayoría); se
hacen ilusiones de ser más fuertes que los demás; intentan dominar, a sus
hijos, vecinos, pareja, amigos. El despotismo y el miedo tienen algo en común:
son ilimitados. Pero con el poder y la riqueza sucede lo que con el opio, que
en mi juventud probé más de una vez: ninguno de los dos cumple sus promesas. El
opio no me aportó la felicidad eterna; me hizo desear cada vez más. El dinero y
el poder no vencen al miedo. Solo hay una fuerza superior a él. El amor.
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No
sé qué es el amor.
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Lo
encontrarás. Lo que no puedes hacer es buscarlo.

