Está
claro que él no aspira a nada más que a decepcionarte. Y, aunque suene
ridículo, se le da increíblemente bien. Carece de sentido que pienses
que no es normal. ¿Sabes qué pasa? Pasa que cuando te gusta un pájaro
tanto, tanto, tanto que te derrites por tenerlo al lado, no puedes
correr tras él. Está en la naturaleza del pájaro irse volando.
Suponiendo
que le atraparas, piensa, ¿seguiría siendo el mismo pájaro? ¿Qué es un
pájaro enjaulado? Irremediablemente, no podría gustarte un pájaro que
carece de su don más característico. Un pájaro al que cortan las alas
está destinado a la amargura. Y tú lo que admiras es su jovialidad, su
destreza, su habilidad, su independencia, su libertad de elección. Si
respetas al pájaro, respetas su vuelo. Y ahí es donde reside el quid de
la cuestión: el pájaro es quien ha de ir a ti.
Puede que no lo parezca, pero en el fondo son muy frágiles, por eso tienden a espantarse.

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